Entre 2018 y 2022, la Fundación ANAR atendió más de 20.500 casos de violencia contra niñas y adolescentes en España. A través de su Teléfono y Chat, se recogieron más de 382.000 peticiones de ayuda, muchas de ellas de menores que vivían situaciones de maltrato físico, psicológico, sexual, ciberacoso o grooming. La pandemia del COVID-19 disparó las cifras: desde entonces, las consultas relacionadas con este tipo de violencia aumentaron un 44%.
Uno de los datos más preocupantes es el incremento de la violencia de género entre adolescentes. Muchas chicas viven relaciones marcadas por el control, los insultos, las amenazas o incluso la agresión física. También aumentaron las consultas por violencia sexual y por violencia en el entorno familiar. En todos los casos, la tecnología ha jugado un papel importante, siendo utilizada como herramienta de control o acoso.
El informe también analiza los factores de riesgo y protección. Por ejemplo, se observa que cuando una menor o un familiar pide ayuda a tiempo, se facilita la intervención y la recuperación. Además, el acompañamiento de adultos y una buena detección en el entorno escolar pueden ser clave.
Este estudio pone voz a muchas niñas y adolescentes que, en silencio, sufren y no siempre encuentran un adulto que las escuche. Nos recuerda la importancia de hablar con nuestros hijos, crear espacios seguros de confianza y estar alerta ante los cambios de comportamiento.
Como sociedad, debemos asumir que proteger a la infancia frente a la violencia no es solo tarea de expertos: es una responsabilidad compartida. La educación en igualdad, la prevención y la escucha activa pueden marcar la diferencia. Porque toda niña tiene derecho a crecer libre de miedo y violencia.





