La tecnología ha cambiado radicalmente la forma en que los adolescentes se relacionan y se comunican. La búsqueda de “me gusta” y la presión por estar siempre conectados generan nuevas tensiones. ¿Qué habría pasado si, antes de inventar el “like”, se hubiera consultado a un psicólogo sobre sus efectos?
El pasado 6 de noviembre, Fundación SOL tuvo la oportunidad de participar en una nueva edición de D-Learning, el espacio de conocimiento impulsado por la asociación DigitalES, que reúne a expertos para debatir el impacto de la tecnología en nuestras vidas.
La sesión se centró en el entorno digital que rodea a los adolescentes, abordando preguntas como: ¿Cómo afecta la búsqueda de “me gusta” y la presión por estar siempre conectados a su bienestar? ¿Qué habría sucedido si antes de inventar el “like” se hubiera consultado a un psicólogo sobre sus efectos?
Patricia Urbez, directora general de Sector Público en Fujitsu y consejera independiente en Enagás, recordó que la protección de la infancia y la adolescencia es una prioridad que comparten numerosas organizaciones. Para Fundación SOL, este debate cobra una relevancia especial, ya que nuestro objetivo es impulsar un uso responsable y seguro de la tecnología desde temprana edad.
Riesgos exógenos vs. riesgos endógenos
Los expertos distinguieron entre los riesgos exógenos (ciberacoso, delitos online) y los endógenos (ansiedad, frustración, aislamiento social). Wendy Román, responsable de Comunicación Corporativa en Fundación SOL, destacó los avances tecnológicos para detectar amenazas externas, pero insistió en la importancia de dotar a los adolescentes de herramientas que les permitan enfrentarse por sí mismos a estos retos.
Lo más complejo, coinciden los ponentes, es abordar la ansiedad generada por la necesidad continua de validación en línea. Daniel López, cofundador de Youforget.me, habló de “accidentes digitales” que pueden evitarse con normas claras y educación digital, del mismo modo que el código de circulación y el carné de conducir regulan el uso de los automóviles.
Escuchar a los adolescentes para comprender su realidad
Beatriz Martín Padura, directora general de FAD Juventud, llamó a superar el “adultocentrismo” y a entender las inquietudes reales de los jóvenes, que no siempre coinciden con las de los adultos. Por ejemplo, mientras los mayores se preocupan por el acceso a contenidos pornográficos, los adolescentes temen más la suplantación de identidad o las consecuencias legales de su actividad online.
Del FOMO al JOMO
Wendy Román mencionó nuevas tendencias como el JOMO (Joy of Missing Out), una filosofía que celebra la desconexión intencionada para disfrutar del momento presente sin la presión de estar siempre al tanto de todo. Esta corriente contrasta con el habitual FOMO (miedo a perderse algo) y pone el foco en el bienestar social y la salud mental.
La IA y el acompañamiento adulto
La inteligencia artificial fue otro punto de debate. Un tercio de los adolescentes ya recurre a ella para resolver dudas sociales, lo que preocupa a los expertos. Aunque la IA puede ser muy útil si se le formulan las preguntas adecuadas, nunca sustituirá el papel cercano y humano de padres, docentes y otros referentes.
En definitiva, no existe una edad fija para dar a un niño su primer smartphone. La clave está en comprender su madurez, establecer reglas claras y mantener un diálogo constante. Si aprendemos a escuchar su realidad, evitamos el adultocentrismo y les brindamos las herramientas necesarias, podremos ayudar a los adolescentes a navegar en el entorno digital de forma segura y equilibrada.





