Violencia sexual digital contra la infancia: una realidad que no podemos seguir ignorando

Las denuncias por delitos sexuales digitales contra niños, niñas y adolescentes en España no dejan de aumentar. Según el último informe de Save the Children, Tras la pantalla: la violencia sexual contra la infancia en el entorno digital, estos delitos han crecido un 13% en solo dos años, pasando de 954 denuncias en 2022 a 1.078 en 2024, según datos del Ministerio del Interior.

Internet forma parte de la vida cotidiana de la infancia cada vez a edades más tempranas. El 58% de los menores utiliza Internet de manera habitual desde los 11 años, y casi uno de cada tres lo hace antes de cumplir los 10. Es un espacio clave para la socialización, el aprendizaje y el ocio, pero también un entorno de riesgo cuando no existen mecanismos adecuados de protección y acompañamiento.

El informe pone el foco en el online grooming, una forma de violencia sexual digital en la que una persona adulta contacta con un niño, niña o adolescente a través de redes sociales, videojuegos u otras plataformas con fines sexuales. La edad media de las víctimas es de 13 años, y las niñas siguen siendo las principales afectadas, representando el 68,6% de las denuncias.

Uno de los datos más alarmantes es que el agresor no suele ser un desconocido. En el 41,7% de los casos pertenece al entorno conocido de la víctima y en un 25% al ámbito familiar, un porcentaje muy superior al observado en análisis anteriores. Además, la mayoría de los agresores no tenía antecedentes penales, lo que dificulta la detección temprana de estas situaciones.

A esta realidad se suma un sistema judicial que aún no está plenamente adaptado a las necesidades de la infancia. Más del 60% de los procedimientos dura tres años o más, y muchas víctimas se ven obligadas a repetir su testimonio en varias ocasiones, lo que incrementa el riesgo de revictimización, pese a que la legislación contempla mecanismos para evitarlo.

¿Qué pueden hacer madres, padres y cuidadores?

La prevención empieza en casa y se construye desde el acompañamiento:

  • Hablar antes de que ocurra un problema. Mantener conversaciones abiertas y adaptadas a la edad sobre Internet, redes sociales y videojuegos fortalece la confianza y reduce los riesgos.
  • Acompañar, no solo vigilar. Interesarse por lo que hacen online, con quién hablan y qué plataformas utilizan es más eficaz que el control excesivo.
  • Retrasar el acceso cuando sea posible. Cuanto más tarde comience la vida digital autónoma, mayor será la madurez para gestionar situaciones de riesgo.
  • Explicar qué es el grooming con palabras sencillas. Ayudarles a identificar señales de alerta como peticiones de fotos, secretos, regalos o cambios de tono en las conversaciones.
  • Reforzar que nunca es su culpa. Ante cualquier situación incómoda o peligrosa, deben saber que pueden pedir ayuda sin miedo ni vergüenza.
  • Buscar apoyo profesional y denunciar. Ante la mínima sospecha, es fundamental acudir a recursos especializados.

Desde fundaciónSOL recordamos que la protección de la infancia y la adolescencia en el entorno digital es una responsabilidad compartida. Visibilizar el problema es solo el primer paso. Prevenir, acompañar y crear entornos digitales más seguros es una tarea colectiva que implica a familias, instituciones, profesionales y a toda la sociedad.

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